viernes, 28 de abril de 2017

Fabiana Cantilo.

«Sacaré fuera esa bomba... ¡Aunque tenga que usar un hacha!»

Dr. Strangelove (capitán Kong). Stanley Kubrick.


¿Quién es esa musa
de los flacos altos
que llevan todo al estilo?
Le abren sus puertas los contadores de cuentos
y el agricultor de la tierra roja que siembra
en el mundo diademas de cuero.

No quedan encierros que puedan con ella,
se desvanece si es la mañana del otro día;
igual al gemido de las gatas en celo
que mantenían en suspenso la noche.

Si rompe a un hombre
es con un beso al mentón mientras duerme.
Cuando el custodio despierta
encuentra sin ron la alacena
y lo llama un dealer,
para que le pague lo que ella desea.

¿Quién es esa musa
de los flacos altos
que llevan todo al estilo?
Es la heroína que está bajando del podio
a los trovadores que no tienen ángel
ni saben que la piel es el fuego que uno aprender a cantar
mirando los barcos partir, desde una balsa.

La parte apagada
de la ciudad del norte
se mantienen en la sombra
esperando a que ella regrese…
cuando dijo que iría
a probar de la fuente
nadie pensaba que estaba por convertirse
en Malena y en Tango.

Si yo le escribo esta carta
es porque quiero decir
-cuando la muerte me busque,
que siempre supe mirar
más allá de la fe en el domingo
y sin pedir nada a cambio.

¿Quién es esa musa
de los flacos altos
que llevan todo al estilo?
Su nombre de mujer
es Fabiana Cantilo.

Si alguien le alarga la falda lo amarro
y hago -con él amarrado, una lata,
para mi prueba de tiro.

Tal vez yo también la inventé
y no quiera ser lo que le digo que es,
es normal que proyecte los rasgos de mi fanatismo;
pero mientras tanto me dejaré convencer
por la secuencia de cine en la que la imagino.

Omar Alej.


jueves, 27 de abril de 2017

Soda en el circo del sol, sin corazón.

La diferencia entre un valiente y un cobarde, es que un cobarde se lo piensa dos veces antes de saltar a la jaula con un león. El valiente simplemente no sabe lo que es un león. Sólo cree que lo sabe.

Escritos de un viejo indecente. Charles Bukowski.


Hay corazones perdidos
y un corazón de aserrín mientras tanto.

No quedan
y sin corazón hasta un reloj averiado
se hace mucho tiempo:

Tan solo tiempo apartado que pasa.

En busca de ellos
aletean las pestañas
de un niño encorvado
al que algo le brinca en el pecho;
pero no encuentra testigo.

Hay corazones perdidos
y un corazón de aserrín mientras tanto.

Hay una fila de gente
haciendo la ronda en el cine de entresemana,
sin corazón.

Muertos y muertos de miedo amanecen,
sin corazón.

Largos y lejanos viajes a donde quiera que sea,
sin corazón.

Memorias que se alucinan, para abolir el silencio,
sin corazón.

Omar Alej. Tan solo otro,
sin corazón.

Drogas que descolocan a los animales del arca,
sin corazón.

Soda en el circo del sol,
sin corazón.

Pobres poemas del sur,
sin corazón.

Cita expresa del Libro del Anhelo,  
sin corazón.

Abrazos de lengua con coitus beatum,
sin corazón.

Palabra de padre estelar con estrella Michelin,
sin corazón.

Hay corazones perdidos
y un corazón de aserrín mientras tanto.

Melancolía, sin corazón.
Arrebato, sin corazón.
Despedida, sin corazón.

¿Qué pasa?
¿Quién lo dice?
Acaso hubo un tiempo…
Sin corazón.

Lo sé pues me importa
lo mismo que a dios tu oración,
sin corazón.

Adentro, más fuerte, más hondo. Te quiero,
sin corazón.

Mis manos azules,
mis dedos trabados,
mi boca de cobre.
Resaca,
sin corazón.

Mañana, la luz,
sin corazón.

Un largo caballo parado
en la puerta de al lado.
Tan solo una niña,
sin saber nada.
Sin pose, intensión o tristeza:

Un corazón, para el niño encorvado.

Omaral.

miércoles, 26 de abril de 2017

Sin estar solo.

Cuando la cesta esté llena
aparecerá alguien
a quien ofrecérsela.

Cesta. Leonard Cohen.


Sé que siempre dirás que es precioso seguir,
dar batalla y luchar,
no dejarse vencer por el fatuo mensaje
que hay en tantas promesas.

¿Cómo adhieres a ti las memorias del lirio,
la costura de escamas en el porvenir
y tus risotadas cuando hacemos trampas?

¿Cómo haces para no querer
el vacío que brilla?

¿Cómo es que no hablas
el mismo idioma que dios?

Me entusiasmo en tu fuerza.
Es un golpe certero
y los vidrios oscuros,
que ocultan las cartas de navegación,
se rompen.

Siento adentro el paisaje
que tú has ido pintando
con las mismas palabras
en las que andas el aire.
Como si fueras despacio
mostrándole al tiempo
sobre cual beso detenerse.

Y sé que no vivirás sin vivir en tu cima.
Y sé que no dejaras que se apague
tu fuente de gracia.
Como cada verano
seguirás bajo el agua bailando,
respirando en la lluvia con invierno en los hombros.

Despertaste de ayer
y hoy que estas aquí sin saber qué ha pasado
solo puedo tocarte…

He intentado perder,
lo intenté con coraje.
Al mirarte sacar de una risa la luna
y el mar y la plata y un verso,
ya lo sé.

Quien te ha visto pasear por las tardes,
saludar a los chicos,
detenerte en la esquina y doblar,
también mira que entras al amor sin alarde;
ignorando las rutas que engañan
y hacen, de lo que una vez fue verdad, una mentira.

Y todo sé que lo harás
porque así te recuerdo,
sin invertir ni un esfuerzo
en arrancar de la vida
lo que no llevas dentro.

Omar Alej.

martes, 25 de abril de 2017

Es mi amor: estaba enfermo, vilmente enfermo.

Yo soy un rey que
voluntariamente abandoné mi
trono de ensueños y cansancios. 

Abdicación. Fernando Pessoa.


Es mi amor: estaba enfermo, vilmente enfermo. No admitía remedios ni cuidados ni compresas ni caldos ni rezos ni respuestas ni aventuras. Se le veía furioso, gastado, cansino; enemigo sin aire ni espacio. Convertido en harapos y en un lance furtivo, orgulloso. Gritaba que estaba dispuesto y pactado con su visión de la nada ¿Quería morirse? ¿Cómo saberlo? Un amor como el mio suele estar dispuesto a la muerte; pero ¿de quién?

Hoy he visto dos perros sobre el tejado que cubre la ventana del cuarto del fondo. En realidad eran dos cachorros; pero como la lámina está inclinada hacia abajo, me parecieron pequeñas panteras atrapadas fuera de una trampa. Pensé en eso que antes estaba enfermo, vilmente enfermo ¿Se me estaba muriendo a mí? ¿Se le estaba muriendo a la vida? Tal vez fuera una animal afuera de la trampa y al querer mantenerlo cautivo de la libertad, enfermaba.

De momento ha ido a mejor, tiene semanas que come, baila y canta. Se arregla menos; pero luce mejor. Pone en la oferta del momento su futuro y aunque muestra heridas hondas, un pelaje destruido, las garras rotas contra la madera y los huecos de colmillos que perdió durante los inviernos; también se muestra ágil, más ligero y calentito. Con la forma de un pirata que camina sobre una pata de palo da la sensación de llevar olas como flores en sus rasgos. Lo despierto y le reprocho el desorden de palabras que no saben que decir; pero él me envía. Me lo pongo sobre el pecho y me recuerda que no estoy nunca completo. Se lo dice a mis dos manos y a mis pies con tan solo mirar dentro de mis ojos. Siento miedo de la forma en que recuerda quien soy yo y los sitios que he tenido que dejar, para no estar –sin poder salir, dentro de mí. En defensa a sus ataques de consciencia y realidad, yo le cuento que al llegar era esponjoso, titubeante y educado. Que estaba sano de otro modo, delicado, melancólico, frágil y pueril, inofensivo. Se sorprende de saber que daba besos por aquí y por allá. Exige ver las pruebas de que alguna vez fuera tanta su energía, no se explica que tuviera tantas ganas de jugar y hacer de él mismo solo un juego.

Justo hoy de madrugada, se ha tomado sus remedios y en frente levantó un campamento. Ha venido mejorando; eso es gracias a que no había más que hacer que despedirlo y tal vez en un futuro recordarlo con anhelo de andar por casa. Sin pasión o desconsuelo. Sin embargo resistió duro en la muerte y la muerte le cubrió con un motivo más allá de su memoria: no volvió de entre los muertos, simplemente no murió. Se emborracha junto a mí, lee el libro que yo leo y hace charla a quien yo charlo de tenerlo o no tenerlo; se demuestra.  Ve la luna que era de él y liberó porque es libre que la quiere, para verla como cambia y además que se le niega.

Me hace fuerte, porque sigue resistiendo a sabiendas que andará sin saber cómo y para donde. Pudo ser que lo sanara aquella vez que se arrojó en la pendiente de una soledad tan basta como fue la mía. O tal vez lo acuchillaron con consciencia verdadera los amigos que no están porque tuvieron la fortuna en la derrota, la real. Solo sé que me da risa que no sepa agradecer ni disculparse; eso es que está mejor y que ya sabe que lo siento muy profundo. Es mi amor: estaba enfermo, vilmente enfermo.

Omar Alej.

lunes, 24 de abril de 2017

Nadie en el Mundo.


—La gente de por aquí me dice que va a helar dentro de unas horas. Voy a bajar a Lemnos para ver cómo te lames las heridas.

La lección de anatomía. Philip Roth.


Es tan valiente
que aun teniendo tres sillones en desorden,
en la sala, junto a la pared, sin esparcirse,
decide apagar el televisor
y volver a oscuras hasta la otra orilla
de mi cama. Y así salta
cual si fuera un conejo empastillado,
sin herir los dedos pequeños de sus dos pies.

No sirve de nada
contarle que me arrulla el sonido de la estática.
No me cree cuando le digo que no soy de este mundo
y que a través de los suspensos
casi logro recordar de dónde vengo;
si es que estoy en algún sitio.

Siente con más fuerza
los caballos que tenia de pequeña
que a mis pájaros y sombras.
No conoce todavía mis maneras de vivir
y no cuestiona mis maneras de morirme,
eso es justo lo que haría
una abeja que extraviada se resiste a volver a su panal.

Si borracho me he dormido en una silla
pude hacerlo recargado en su hombro
y sentir que se reía al mismo tiempo
en el que yo salía del mundo de los vivos,
para entrar en mi vacío:

No había nada que apagar
y seguí soñando con poder volver a casa
a través de las palabras.

Cuando fue de peregrina,
con sus veintes y su oro,
no había nadie que escuchara
sus nociones sobre el tiempo de camino
entre el sol y una amenaza.  
Justo ayer eso cambiaba,
sin el drama de cambiar o de re hacerse.
Los mayores de la tribu preguntaban su opinión
sobre si fuera lo mismo recordar a devolverse,
dijo no, asegurando que no importa ni lo uno ni lo otro.
Me pidió que yo guardara ese momento
porque habría de olvidarlo como al fuego del dolor
que se extingue cuando me habla
de que fue la gata persa de una fabula oriental.

Miente y miente bien,
como me gusta.
Con historias que son nuevas, para mí
y sacándole la lengua
a todo aquello que podría ser la punta de la flecha
que no dio justo en el blanco…

Nunca antes conocí
a quien me diera una sonrisa como pago
a mi tristeza  
y lo supiera.
Que eso era lo que yo quería romper;
cuando rompí mi corazón, para sentirlo.

Me abandona  
y dice que es mi nueva novia
y que habremos de durar
tan solo el tiempo de las lluvias;
ya después es que se marcha.
No le pido que se quedé
pues no sé a dónde va y a donde va
a veces yo también querría irme.
No me escuece que sea joven
y además un horizonte entre neblinas.
Lo que jode es no tener algo del fuego
que quemó mis esperanzas.

Me camina sobre el pecho
porque quiero continuar detrás del tiempo,
prefiriendo una pregunta,
un bolero y los versos que escribió, Nadie en el Mundo,  
porque amaba a una mujer que –irónicamente,
también lo amaba.

Omar Alej.  

viernes, 21 de abril de 2017

Misterio/Susurro.

Misterio ahora
y ahora Revelado
me inclino ante vos
para rendir mi voluntad
Todas mis noticias. Leonard Cohen.


Qué misteriosa la luz,
la que ilumina tan solo el misterio
de un deseo cubierto de ausencia.

Tus ojos buscan mirarse  
y yo de tus ojos
sé solo lo que imagino de plata:

Podrían mirar al oeste y caerse
en la orilla de tu patria elevada
sobre la sangre de un rey.

Misterio,
detrás de la pintura que cuelga sin orientarse  
sobre los restos de un muro,
apenas ayer poderoso.

Anhelo tranquilo
de pasos que doy por la noche,
entre el sillón y la mesa
donde me espantan papeles
que pudieran ser monedas de alambre:

Andando recibo el camino
y misterio…

Cuanto pasó como viento
ha vuelto con golpes de tiempo.
Dentro del espejo ese otro
se anima a salir
y se desvanece saliendo.

Podría haber razón en la voz
del vendedor de noticias.
Si el mundo que hemos salvado
fue lo primero en perderse
¿Quién lo dirá sin llorar como
el cachorro de un perro?
¿Quién lo dirá si la fe
sola se hizo para mirar adelante?

Estoy cayendo y es flecha la flama  
que sucedió en sus palabras,
pagando aranceles.
Me cogí fuerte al incendio
y cerré en firme las manos:

No era posible tocar,
por eso no pudo ser
lo que ya estoy recordando.

Qué misteriosa la luz,
la que ilumina el misterio.
Hay tantas calles ahora
y todo el ron no me sirve.
Cuando me siento a buscar donde ir
o todos van muy a prisa
o se han girado al saber
que yo estaré por ahí,
preguntando:

A punto de saber, con todo el cuerpo,
que un misterio es un susurro que alguien dice
sin nadie más que lo escuche.

Omaral. 

jueves, 20 de abril de 2017

Pociones Mágicas.

Penetró mi corazón diciendo:
<<Sí, eso es>>.
El cuerpo de la soledad. Leonard Cohen.

Me gusta pensar
que lo hacen los besos
sobre los parpados entreabiertos.
Y no es que sean míos,
es que es un beso ligero
que ancla un anhelo como la corona,
para un hombre libre.

Viven cuando imagino
que hay memoria de nubes
en cada gota de agua
que se moja en la tierra del río,
para acicalar el encuentro
con la espuma del mar.

También son los lobos,
su ataque nocturno
y custodia en la puerta
del mundo perdido
que atormenta a la luna.

Me gusta pensar
que son los otoños
que vuelven por mí;
porque en mis ojos son más
que solo el final de una tarde
donde esperaba por ella
y ella no llegó.

Qué debo seguir contra toda marea
la luz de ese faro que alumbra palabras
hechas en las manos cansadas
de quien quiso escribir
y no obtuvo sus plumas, su vuelo.

Alguien me dice que solo es su voz
lo que cuida mis sueños.
Yo que fui un niño, jamás me despierto
cuando me lo ordenan.
Me quedo en sus brazos durmiendo de amor
y silbando playas por la nariz, para simular...

Lo creo
y son barcos.
Piratas que buscan belleza,
para liberarla de los desperdicios
que deja el complejo de algunas historias
de ausencias y muerte.

Y fui siempre frágil
y lleno de miedo hui de la paz.
Oculto en el lodo
descubrí el dolor de mis huesos
por ir encorvado y maldito.

Me gusta pensar
que he encontrado un momento
y que no son veneno
las pociones mágicas en esta estación:

Un libro manchado
con el pintalabios de una mujer,
la canción de las vías del tren
y el pan en el horno.
Omaral.