martes, 28 de marzo de 2017

Pero la luna no estaba.


Cuando tenía quince años
seguí a una hermosa chica
hasta el partido comunista de Canadá.

Entonces también acabó la fiesta. Leonard Cohen.


A veces me pongo de parte
de un muy terrible enemigo.
Me hace ilusión conquistarme
siendo traidor a mi anhelo.
En un momento cualquiera,
mi vocación pudiera ser la navaja
que me han clavado en la espalda…

Es el oficio de tonto
que desempeño en favor de la historia.
Porque importante es que pasen
todas las cosas que pasan del otro lado del tiempo.

Sé que tenías los labios
como a puntito de un beso.
De voluptuosa silueta y hechos con fuego
del boca a boca, con hombres
que se cayeron del cielo.
Listos para acurrucarme,
como a puntito de un beso.

Afuera,
sobre la calle no había caído esta lluvia.
La que me moja y te pienso,
húmeda y con el alma desnuda
haciendo bucles de danzas primitivas.

Algo contaste de ti,
algo sobre la armada de ideas
que florecían de tu vientre;
pero no pude escuchar.
La ola de lo que serias, para mí,
rompía contra los cristales
de aquella puerta cerrada.

Había un castillo en el aire
y dos corceles y un barco,
para poder escaparnos;
pero fumamos tranquilos.
Los humos en ese momento
tenían la forma de un vicio
del que queríamos dar de probar
a la gente. Porque era desconocido.

Yo contenía mis manos
y tú contenías los misterios.
Me recordaste el calor
de otras formas de belleza.
Estaba a punto de entrar
en tu verano y cascada
y a punto tú de romperte,
preferiste otra calada del veneno.

Sabiendo que el juego es breve,
cuando se juega sin reglas…

Yo hubiera sido tu hombre,
la forma de un gran poeta
y tú la mujer que rompió
en dos mitades Camboya.

Pero la luna no estaba.
Quizá se la hubiera llevado
-junto a mis hijos, alguna ex esposa
o algún novio que hubieras situado
dentro de una trinchera, para que te esperara
con las estrellas calientes. En una copa de cristal de Bohemia.

Omar Alej.

lunes, 27 de marzo de 2017

El cumpleaños de El Niño ¡Qué bueno!

Ten un corazón que nunca se endurezca, un temperamento que nunca se canse, y un toque que nunca haga daño.

Charles Dickens. 


Qué bueno que El Niño ya era un niño.
Qué bueno que también era, para entonces, un profeta.
En su tierra, en Granada-Andalucía…

En guitarra, ¡Tomatito!
Sobre piano, ¡Vil Biil Evans!

Y en Camboya;
que -lo dicho, es su tierra

Qué bueno que los años
al posarse sobre él
se han ido quedando guapos
y de azul. A la vuelta de naufragios.

(Y los goles más chilenos,
de un partido al desempate
sobre el último minuto,
contra el mal y contra el duelo).

Qué bueno que el niño
ya era el jefe de este kingdom
desde antes de venir y sobre todo,
cuando al día yo quería poner letra de canciones
y él la melodía del futuro: como si mañana fuera luna
y fracción del universo,
por contarse entre claves y fisuras.

En distancia sonora
se formaron, para él, ciertos caminos
y revueltas y retornos y amuletos…

Es mi hermano
y aunque amargo es el pastel,
por cumpleaños, de un ausente.
Sabe a magia y a recuerdo de tormenta.
Y a silencios
y a un abrazo interminable que nos damos
cuando hay forma de conquista
sobre un folio blanco
que se escribe a cuatro manos.

Te regalo lo de siempre,
un proyecto de palabras.
Es lo único que tengo
y es todo cuanto busco;
para más te tengo a vos
y a tu belleza.

Qué bueno que el niño
ya era sabio
y ya era guapo
y ya era rico
y era de Aries.
Digo bueno
porque nada de eso podría darle de regalo.
Solo esto que es un juego
y que hace ver que siempre un niño
ya era El Niño, desde antes.

Omar Alej.

jueves, 23 de marzo de 2017

Bombillas rotas.


¿Por qué iba yo a querer temblar en el altar de la iluminación?
¿Por qué iba yo a querer sonreír para siempre?
El colapso del zen. Leonard Cohen.


Una estrella que se sigue en una bicicleta
es una idea; pero es en realidad la idea de otra idea:
Un recambio que cayó en el silencio
o durante el turno a la palabra de algún otro
o a mitad de un parpadeo que cruzó
con la luz de automóvil, en dirección de impacto.

Uno más de los demás,
estoy pensando en elegir.

My sister morphine
me cuenta de un hombre asesinado con navajas
por dos mujeres, en las festividades
del pueblo natal de sus abuelos.
No logro recordar en qué cosas pensaba
cuando no había pasado la codicia.
Lo primero que vino a mi mente
era un crimen pasional; pero al día de hoy
nos gobierna el sindicato de deudores al Monopoly.

Esa frase última es sutil. Ya te lo explico.
Es la mala baba de que solo veo a hongos bobos,
diciendo que tienen algo que decir…

No debía de importarme,
alguno me dirá que a mí me gusta
celebrarme los cumpleaños en Camboya
con Black Label and Cocaine;
pero pienso en dos o tres calles abajo.

No es lo mismo resultar que resaltar del crimen la leyenda.

Ahí mismo, en la banqueta levantaban
los castillos más inmensos sobre los que se haya columpiado
un hombre araña.
Y eran tan altos
que del cielo caían ángeles con el culo picado,
por las puntas de las torres.

La canción era el fuego cotidiano,
para asar los días del año 1997.
El poema, un silencio dedicado,
para ver pasar a Rosa por detrás
si hacía calor y por delante si hacía frío.

Yo mismo debería vomitarme sobre mí
y responder a esa pregunta
que me hacen los mineros justo al fondo,
en mi memoria ¿qué demonios hago acá?

¡I dont believe me!

Rebeldías de revista
con envidia a las dichas descremadas…

Uno más de los demás,
estoy pensando en elegir.

Yo vi al Men sin las dos piernas
y montado en la locura se reía
porque nunca había pensado en hacerse futbolista,
hasta esa tarde.

¿Recalar contra inocentes?
cada uno es lo que es.
Esto es la vida.
Sin embargo cuando bebo
me hace mal ver tantas luces aluzando
bombillas rotas.

Una estrella que se sigue en una bicicleta
es una idea; pero es en realidad la idea de otra idea.

Omar Alej.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Para nada pretendo pasar de la nada.

¿para qué iba yo a querer iluminarme?
¿Me he olvidado de algo?
¿Algún mundo que no haya abrazado?
¿Algún hueso que no robara?

El colapso del zen. Leonard Cohen.


Cuando escucho
que parece que ya todo se acaba,
porque el tiempo está llegando de su fin
hacia nosotros.
Cuando hablan tan solo los que saben;
ya todo sobre todo.

Cuando algo tan sencillo como hacer
es una lanza que usa cierta gente
contra aquel que no enarbola su misterio,
me recuerdo que este día, con el pago de la renta
y los aforos de mis ganas, estoy más cerca
de llegar a parecerme nunca a nadie;
que es el hombre más genial sobre la tierra.

Hay mentiras que parecen que nos salvan
y verdades que hay cobardes que prefieren ocultar;
pero cuando alguno pasa y suplica goma-2, para cenar,
soy el tonto que celebra un arroz a la cazuela
y un marino en alta mar que se busca en las sirenas.

Miro bien y me hago abrazo con la pena
y el coraje que hace abrirse a los dolores.
Muchas veces me he sentido ese soldado que luchó
a sabiendas que la guerra nunca acaba…

Cuando veo esas miradas que desprecian
que yo tenga por razón el sinsentido,
me critico igual que ellos,
con la saña y los tomates a la escena.
Luego otro, como un sabio, me da luz verde,
para ir detrás del mundo
por si el mundo al final es solamente una pelota.

Porque anoche, al salir del automóvil,
pude ver que las estrellas habían vuelto.
Me hice un selfie con la idea, para adentro;
siendo honesto lo que quiero es ser feliz
y pinturas del pintor Leonardo Gatsby.

Y cuando los sueños se asustan
por la forma de candado
en la que le hacen ver la realidad,
vuelvo al cuento que de niños nos hacía perseguir
a las criaturas que hay detrás de las paredes de cemento.

Cuando el rostro inexpugnable de los números en rojo
me aterriza con violencia,
muestro dudas al respecto. Condecoro la paciencia
e insisto en los besos que besé con toda el alma.
Ella y yo aún podemos prescindir de ciertas cosas;
ya sean los moratones de venganza
o la luz irreversible en cualquier acto de justicia.

Omar Alej. 

martes, 21 de marzo de 2017

Escribir cada día.

¿Será este el fin de la eternidad, rumiar una y otra vez sobre las nimiedades de toda una vida? ¿Quién podría haber imaginado que uno tendría que recordar constantemente cada momento de la vida hasta en su más minúsculo componente?

Indignación. Philip Roth


A veces no resulta el día a día.
Como intento aprender de algunas magias,
que se esconden por detrás de la rutina,
es que escribo diariamente.

Suponer que esto es una flama
y querer conservarla encendida,
a su vez que la hago fuente de la sed de otra mañana,
es una toma a oscuras del paso del tiempo.

Lo imposible que resulta
mantener a flote una versión iluminada de la nada
o re hacer lo que pasó, para contarlo, es un golpe
contra el agua;
queriendo devolver las olas
o las nubes que pasaron sin llover.

Con la vida cuando avanza en dirección de su escondite,
con el silencio congelando el corazón…
el romance que pudiera yo buscar,
para escribirlo en una carta, a quien sueño que leerá
mis ilusiones, no sucede.

Suenan las campanas y otro muerto hay en la fila.
Es un ave que avisando se desprende hacia el olvido.
Mientras deja a sus espaldas horizontes
y canciones de hombres blancos que pasaron
y dejaron huelas con aroma de la flor que está en la cima junto al sol.

Yo no puedo posponerlo,
me abastezco de invenciones
porque debo de escapar, es lo que hago.

Y escribir
porqué no hay nada nuevo que contar
sería un pecado.
Y escribir
porqué no está lo que buscaba,
es un delito.
Y escribir
porqué lo hago día con día,
es la miseria.

Sin embargo,
aunque culpable y miserable.
En mi favor digan  que esto,
lo que hacía sacar mis días
de las torres de metal más ilusorias
que se erigen atacando el cielo gris,  
es la muestra de que quise decir que volaba 
mientras caía.

Omar Alej. 

viernes, 17 de marzo de 2017

La familia y yo (En modo relato).

La gente cree que la historia es algo que sucede a la larga, pero la verdad es que se trata de algo muy repentino.


Pastoral Americana. Philip Roth.

Pic. By Piolo
El Hombre del Tercer Ojo.

Casi no hay nada que me guste tanto como hacer una mezcla con mis canciones favoritas. Me gusta grabarlas en casetes aunque no siempre tengo alguno a la mano. O tengo que usar los casetes viejos que encuentro y grabarles encima o voy juntando dinero, para comprármelos. Prefiero los que son de noventa minutos, así puedo grabar más. Tengo uno, para distintas ocasiones: mezclas de viaje, mezclas de fiesta o mezclas de baile. Mi hermana, Sandra, dice que son idiotas. Ella dice eso porque es mayor, casi un adulto, y casi todos los mayores, tienen esa fea forma de maltratar las ilusiones que otros tienen y ellos han perdido. Mi nombre es Carlos, como Carlitos Gardel y como Charly García; me encuentro con gente que a veces me dice que soy muy joven, para escuchar las músicas que escucho. Me gusta Bob Dylan, me encanta Bob Dylan. Yo no creo que sea joven; el propio Bob cantaba Forever Young y  tener trece años no es un impedimento, para sentirse llamado a vivir en las canciones que me emocionan. Mi amigo Ortiz, tiene diecisiete; pero no ha creído en crecer como los otros. Me dice que es bueno que me guste tanto estar escuchando la radio, aunque él prefiere escuchar discos completos. Yo también lo haría, si pudiera; pero como no tengo dinero y en mi casa somos seis, pues no tengo la opción de pedirle a mi madre dinero, para comprarme discos. Mi madre trabaja en una tortillería, a una cuadra de donde vivimos. En el local de a un lado de su trabajo tienen una bocina gigante y siempre están sonando canciones que yo no conozco y que, aunque seguro que son bonitas, a mí no me gustan; por eso fue a ella a la primera a la que le regalé una cinta mezclada. La titulé “Tortillas de amor” y aunque le puse muchos temas muy bellos, la mejor es  “El día que me quieras”. Siempre he sentido que esa canción algún hombre debería dedicársela a mamá; lo contento que estaba cuando al volver a casa la escuchaba meterse en su cuarto y poner en la grabadora el casete que le había regalado. Sin embargo hubo un día en el que no tuve ganas de compartir mi rebanada de pastel con Antonio, otro de mis hermanos mayores, y La Maco, mi madre, se puso tan brava que le saltaban los ojos y me llamó “cerdo egoísta”, creo que porque le dolió que Antonio le dijera que nunca había comida suficiente y que era insoportable tener que compartirlo todo. Mamá se volvió loca y empezó a tirarme cosas mientras yo me escapaba de ella corriendo por la casa, me encerré en el baño y como no quise abrirle, porque tenía miedo de que me pegara, me dijo que iba a romper el casete que le había regalado y lo rompió. Escuché como tronaba del otro lado de la puerta y al final salí; La Maco estaba llorando y tirada en el piso, la rodeé con la punta de los pies y la miré hacia abajo. Si la hubiera ayudado a levantarse se hubiera ofendido aún más y seguro que me coge por las muñecas y me deja tonto a golpes con el cable de la plancha. Ortiz dice que son cosas de adultos y que no debo tomarla contra mi madre. Ese día me llevó a su casa, para que pudiera grabar mis mezclas usando sus discos. Qué bueno que había encontrado tres casetes que Santiago, otro de mis hermanos, no quería volver a escuchar. Porque se los había grabado una novia que después lo dejó por un escritor que no es tan insoportable como él. Fui con Ortiz y como si no fuera nada, me dejó solo ante su pila de discos compactos. Me mostró cómo usar el grabador, para pasar las canciones del disco a la cinta y me sugirió que empezara por uno que se llama “Abraxas” de Carlos Santana, otro tocayo.  Seguí buscando entre aquellos cd´s. Lo que ahí me encontré es el más grande tesoro que se haya visto jamás. Tiene discos de rock, de blues, de boleros, de jazz y de una música que yo no conocía; él dice que se llama “folklor”. Tuve que hacer muchos esfuerzos, para no robarme “Las Cartas” de Cartero, el dúo que canta “The Fucking Song”.

He estado muy emocionado mientras seleccionaba de los discos todas aquellas canciones. Fue como ir de paseo o a una feria con una pulsera que te permite subirte a todos los juegos. En ocasiones me desesperaba e iba adelantándolas, para saber si quedaban con el tipo de mezcla que quería hacer. Me sentía un gran productor y fantaseaba con que todas aquellas canciones las hubiera escrito yo y que estaba seleccionándolas, para ver cuál ponía en mi disco; que iba a ser lanzado por una gran disquera. Me reía de mí, por mi impaciencia, cuando debía borrar alguna que después no quedaba tan bien. No había nadie apurándome; pero yo quería saber todo acerca de esas canciones que nunca antes había oído. Tanta era mi ansia que en una sola tarde hice las tres mezclas, “Rayo que parte” “pa´ tu merienda” y “Perdón mi Maco”. Al ver el reloj de Star Wars, que Ortiz tiene en su cuarto, me fui corriendo porque ya pasaba de la hora a la que puedo llegar. Qué bueno que había dejado una nota en el tocador del cuarto de La Maco, diciéndole que estaba donde Ortiz preparándole una sorpresa. Brincaba de cuadro en cuadro a través de la banqueta y me sentía poseedor de la solución a cualquier malestar que tuviera La Maco. Mi alegría no duró mucho. Al llegar a casa nadie sabía dónde estaba Fernanda, mi hermana morena, que es hija de otro padre: un catalán que, según dice mamá, vino y se fue. Con él, la Maco, había engañado al padre de sus otros cuatro hijos, incluido yo; razón por la que papá no vivía con nosotros ni podía vernos. Es una situación extraña que nadie quiere explicarme, porque Fernanda también es más grande que yo. Si yo soy el menor ¿Cuál es mi papá? En fin, mi hermana morena no estaba y nadie sabía decir lo que estaba pasando. Cuando pregunté me dijeron que ya la habían buscado por todas partes, la escuela, los hospitales y delegaciones de policía. Me causó mucha gracia, como si se tratara de una tontería. Yo ni siquiera me había enterado que hacía ya tres días que estaba sin venir a dormir. Pensé que aquello estaba muy mal y además me perjudicaba más a mí que a nadie. Porque al final, Fernanda, era la más buena conmigo y la quien mejor hablaba inglés; yo tenía examen la próxima semana y contaba con que me ayudara a estudiar o tal vez a escribirme una nota de enfermedad. Después me sentí muy culpable, mi hermana morena estaba extraviada y yo no me aguantaba las ganas de escuchar y que escucharan mis mezclas. Además nadie quería decir que no era la primera vez que desaparecía, para después regresar diciendo que se había ido a la playa con su amiga Violeta. Entre tanto silencio y voces cortadas, empezaba a olvidar las canciones que venían en cada uno de los casetes; eso me angustiaba mucho. Iba re haciendo las listas en mi cabeza, canción a canción, porque se supone que si una mezcla está bien hecha tendría su propio estilo y eso las haría distinguirse unas de las otras. Con Santiago recargado en la puerta del refrigerador, con Sandra moviendo el sillón, con Antonio hablando por teléfono y La Maco con la mirada perdida mirando la puerta, Fernanda apareció. Cruzó la entrada y justo al entrar dejó caer una bolsa en la que traía recuerdos de Tlaxcala. Todos querían matarla, menos yo que quería escuchar mis grabaciones nuevas; pero lo impidió que justo detrás de ella entró un chico suizo que era su nuevo novio. A mí, verlo me cayó en la punta del pie como un mazo grande y pesado ¿qué se creía con su carita tan blanca? como si nunca hubiera hecho un mandado o recibido un desprecio. Peor que eso, fue que cuando estuviera con él, mi hermana morena, no me haría caso. Mis otros hermanos y La Maco, estaban furiosos. Le gritaron y le dijeron tantas maldiciones que ninguna de ellas tuvo impacto. Fernanda hizo cara de que todos eran locos y exagerados. Se dio la media vuelta y volvió a salir con su nuevo novio detrás de ella.

Ya se han pasado dos días, hasta hoy. Fernanda no ha regresado y no creo que lo haga hasta que se haya aburrido del rubiecito y tenga que volver “al calorcillo del fuego sagrado de la costumbre”, como le gusta decir. La bolsa que dejó tirada en el piso ha ido de un sitio a otro sin que nadie la levante o se fije qué hay adentro de ella, he pensado en abrirla; pero si no son casetes se me romperá el corazón. Al menos Antonio no parece tan mortificado. Se hizo un nuevo tatuaje, ayer. Siempre dice que es el más libre de la familia “¿Cómo es que estar marcado con lo mismo, para toda tu vida, te hace libre?” -le preguntó mi hermana, Sandra, que es tan rara y que se cree tan especial, cuando estaba presumiendo el águila que le pintaron en la espalda. Nunca ha sido violento y fuma mucha marihuana en una pipa estilo el Che; pero se puso como una bestia y le pegó con el puño a la pared. Yo no estaba. Me lo contó Ortiz, que además está enamorado de Antonio y de Fernanda al mismo tiempo. El insoportable de Santiago está más pesado que nunca y sigue en su huelga de hambre. Es porque a nadie le interesa su revista de crítica literaria. A veces la he leído y es como que no puede ocultar su mala onda y enojo; nunca nadie es suficiente, para él y se nota pues él mismo nunca hace nada diferente de lo que tanto critica. Ortiz me ha dicho que no tiene corazón y que sin corazón la alegría no es posible. Yo pensé que tal vez si buscáramos al Mago de Oz; pero justo él es el claro ejemplo de que los libros igual que hacen bien hacen el mal. A él lo han vuelto idiota y envidioso. Me gustaría que también Ortiz, fuera mi hermano, él es hijo único y vive con su padre pues su mamá se murió de un ataque cerebral. No le gusta venir a casa cuando está mi madre porque le hace añorar a la suya. Es una lástima que La Maco siempre llegue tan cansada y no tenga ganas de hacer el esfuerzo de conocerlo y encariñarse con él. Yo creo que Ortiz le caería muy bien. Se parece un poco a ella, quiere ser siempre prudente y educado; pero hay momentos en que pierde la paciencia y querría quemar su casa. Justo como La Maco, cuando se da cuenta que no hay nada más que avena. Yo sigo estudiando, para mi examen de inglés y no he podido escuchar mis mezclas; ya ni sé si tengo ganas. Ya en unos días es mi examen de inglés; pero como sé que no lo voy a aprobar me he salido un rato a estar en la calle. Andaba en la bicicleta de Hilda, la vecina de enfrente; cuando vi a La Maco, pasó y me dijo que subiera con ella.  Pensé que seguía triste y que me tocaría quedarme en casa castigado por lo que hacen mis hermanos y porque ella ya no puede regañarlos sin que la ignoren. La dejé adelantarse y luego ya me fui hasta la casa. Subí a su cuarto y no estaba, grité llamándola y me contestó desde mi cuarto, donde dormimos Santiago, Antonio y yo.  Cuando entré me dijo que me sentara a su lado y puso andar el grabador. Me rodeó el cuello con sus brazos y me besó en la mejilla. Después me cogió la cara con las dos manos y me dijo “canalla”.  La canción que sonaba era Knockin' on Heaven's Door.

Omar Alej.

jueves, 16 de marzo de 2017

Charly y yo. Random.

Desprejuiciados son los que vendrán,
y los que están ya no me importan más.
Los carceleros de la humanidad
no me atraparán,
dos veces con la misma red.


No soy un extraño. Charly García.


Charly siempre me hizo encontrar el camino de regreso al futuro. En sus canciones hay lodos de mis propios naufragios a través del infierno. Me acredito la farsa contra la que combate y pido algún chance de llevarle la espada. Allá en Say No More, la vanguardia tiene una ventana por donde puedo observar los apartados de días que sin poder recordarlos me persiguen igual que el fuego a las llamas.

Ayer estuve escuchando el último disco del ciudadano García, Random. Me he quedado hasta el día de hoy llorando, no sé de qué sentimiento. Sus hilos son tales que me tiran al fondo de una cueva en Guerrero, cuando tenía quince años y me hace sentir que puedo seguir bajando. Que hurgar a través de aquel miedo se traduce en la certeza de que llevo grabada en mi corazón la esperanza de encontrarme con alguien que no sea un agente del orden o un inquisidor con la ley en la mano.

Como siempre estoy roto y como siempre he sabido que así es como vine; que soy una pieza formada con piezas contrarias. Un puzzle que ha sido armado, hasta la deformidad, por piezas de muchos otros rompecabezas distintos entre sí. Como puedo advertir que sé eso y algunas otras cosas sobre mi condición peregrina; La Máquina de ser Feliz aluzó solamente las grietas y bailaba entre ellas una luz bicolor que me hacía recordar a los años, cuando lo que más quería era meterme en brazos de mi madre y que me leyera alguna historia de amor donde ella al final comiera perdices y vivieran felices, para siempre.

Durante las noches, las sombras se inquietan y se sueltan de las ramas de los árboles secos. Vienen aquí por agua. Por eso tengo un abrevadero siempre abierto y sin protecciones, es mi pago y mi ofrenda a cambio de verlas. Hay una que es alta, de piernas muy flacas, los ojos brillantes y los dedos de las manos doblados como púas de acero. Tiene la voz de los mitos, bebe escoces, fuma faso y cuando la toco pulsa un rocanrol que me impulsa sobre el aire. Como estoy muy solo, por adentro, me maldice y me objeta la melancolía; pero para divertirla he quemado mi casa y para que volviera he quemado mi amor.

La luna, allá afuera, se ha congelado en una imagen como de mercurio, parece suspendida como si la hubieran flashado mientras se derretía. A causa de la electricidad se quedó como un sampler de todos los sueños que la sueñan desnuda, convertida en mujer y con un pubis tan rojo como el final de un sol viejo. Sumergido en las notas y en los mensajes malditos de mi voluntad a través de los tiempos, intuyo que detrás de la puerta el mundo ha saltado y vuelto a caer igualito que antes; pero diferente, esta vez conmigo bailando: esquivando los codos de gacelas en dos patas que sirven de modelo al nuevo cuentista.

Metido en la cresta de la ola, insomne y alucinante ¿Quién me sostendrá mis nuevos garfios? ¿A quién estoy contando la articulación de una mesa, de un libro y una fotografía de un cartel? Estoy comiendo restos de comida que comí ayer y que ya entonces estaba fría. Sé que estoy en mis cabales cuando estoy imaginando las antenas al doblarse, para oír estas canciones que son peces y cristales robados en el atraco a la religión. ¡Viva el genio que curó la discusión sobre los locos! Ese mismo que allanó la dependencia y movió mi juventud al primer orden de la guerra contra las asignaturas.

La quietud de las paredes sufre de exageraciones sónicas y maniqueas. Sube el cuerpo de una hoja y envuelve los focos. Son las cicatrices de los años anteriores las que roban el celibato y la pureza en una palabra escrita con tinta china. Hay una punta de zapato gris asomándose por debajo del sofá y cualquier viaje, todo viaje, a través del universo es impensable sin viajar en las pestañas de una manta desdoblada, abandonada y milagrosa. Con la voz de los arqueros hice mi arco que dispara contra el blanco de las críticas berretas de un becario. Y cuando estoy por recaer en el soma de la rabia, autoflajelo y pleitesía a la carroña, llega Lluvia, que es un tema sobre mí y punto final.

Ahora el sabor de cada duda sabe a vid de un nuevo inicio. Trota sobre el valle de los fósiles cambiantes; por la tarde son de bronce y justo a la mitad de la noche son dos partes de penumbra. Soy un nene, estoy seguro. Lo compruebo al desbordarme porque he visto que clarea la mañana y hace frío. Volveré a pisar tierra y aguardar entre los rieles de metal que desplazan el tiempo. Sin embargo cuando Charly hizo el mundo me cedió las infusiones de tristeza necesarias, para echar andar sin detenerme ante ellos, ustedes.
Omar Alej.