sábado, 24 de junio de 2017

¿De qué iba a escribir?

Afortunadamente no hay Lugar para el Arrepentimiento
en La Pobreza
de estas Reflexiones.

Lo mejor. Leonard Cohen. 


¿De qué iba a escribir?
¿Era un cuento breve?
¿Sobre la guerra y la paz?
Acaso tendría las agallas
de pensar que hay literatura
en mis propios días
y diría que vi a mi madre
temer de la calle
y a mis hermanas morder…

No creo que fuera eso
¿De qué iba a escribir?
Ah sí, ya me acuerdo:

<<Erase una vez un detective
que investigaba el crimen
sobre el autor
de una novela negra;
pero tenía corazón,
marcas de acné,
manchados los dientes  
y perdía la memoria
a corto, largo y mediano plazo,
porque era mejor recordar
exclusivamente
como seguir adelante…

Él amaba a Rodrigo
que era el dueño del bar
en la esquina
que tiene los muros
con carteles de toreros españoles,
donde se sentaba
a inspeccionar cada pista
mientras bebía cocteles con menta.
De su amor nadie sabía
y cada vez era peor
estrecharle la mano
y contener a su impulso
de besarle la boca con la lengua erecta.>>

No, estoy haciendo memoria
y no sé si sea eso
de lo qué iba a escribir.
Digo, sí, es parecido;
pero ¿Dónde está?
cosas como esas
pasan en Sonora
y yo ahora vivo en Jalisco.

A lo mejor me olvidé del ambiente
<<Fue en un pueblo con mar,
una noche
después de un concierto>>
No, eso no es mío.
Esa es la letra
de una canción de Sabina;
me estoy quedando dormido,
debería irme a soñar con algo profundo:

<<Cuando me morí
no sentí el dolor
ni las agujas en los brazos
ni la manguera,
desde la nariz al estómago,
significaban algo, para mí.

Cuando me morí
fue como entrar a un mareo
que podía escuchar con los dedos
y tocar con los ojos;
sé que suena a un mal viaje.
Sin embargo doy fe
de que cuando me morí
no fue nada
que hubiera sentido de vivo
y no, no fue la muerte.>>

Uy, ¡no! me da miedo;
es mejor cuando sueño con chicas
que me quieren mucho
y que me lavan los pies
como si estuviera enfermo.
Aunque mejor otra cosa,
ahora son tiempos nuevos
de cambio
y alguien podría ofenderse,
interpretar que es machismo
lo que yo llamo tener quien me cuide
de hacerme a mí mismo
lo que le hago a los otros.

Escribiré de otra cosa,
al detective lo dejo
y que lo escriba Hugh Laurie…
además de un tiempo a la fecha
me ha dado por pensar
que da igual el tema.
Lo que realmente importa
no es tampoco la forma
y mucho menos el estilo.
Lo singular ha de ser
que no genere más dudas
y que pretenda saber las respuestas,
para una condición de atrapado:

Eso es lo que vende.

Omar Alej.

viernes, 23 de junio de 2017

Ciego, durante la noche; follando.

Vuelve a tus
hojas de invierno
y a tus tristes bromas
sobre las reservas
de impuestos.
Shirley. Leonard Cohen. 


Ciego, durante la noche; follando.
No sé si fue mucho o fue poco
el ungüento de sal en la herida.
No sé si era hombre o mujer
el fantasma de la despedida.

No vi que tan rota tenía la cabeza;
fue que me acerque para poder alejarme.
Si me lo piden amablemente
contesto que sí y otra vez
a perderme en las dunas de la ambigüedad.

Cuando te has ido de casa
es muy duro saber cuánto amabas
el sumo de la mañana y a los malditos gatos.

Con la cocaína los taxis son todos El Perla Negra
y el rumbo que llevan se encuentra en el centro
de un mar sin orillas ni playas a donde atracar.

El tiempo parece tener un motivo,
la gente revienta, para tener un motivo;
incluso esa chica con gafas de espejo
parece pensar que uno debe viajar
en todas las vueltas del mundo.
Personalmente creo en dudar de todo eso;
pero estaba ahí,
con un trago en la mano y mintiendo:

No cabe duda que los ojos implorando al cielo
responden a una hermosa vulgaridad.

Con la luz de las seis
-con el sol por salir,
los que caminan son ogros enamorados
de una infecta semilla en los versos
de una canción de Bob Dylan
y siempre pasan los trenes sobrevolando los puentes
en los que duermen los hijos de la soledad.

Quiero decir que la quiero
y que en noches pasadas
hubo veces que a veces me quiso.
Sin embargo Neruda es el oro
que nadie te compra
porque es más barato hacerse de un novio
que tenga fortuna.  

Hay restos de lluvia
y colillas blancas
debajo del banco
donde me detengo,
para continuar y no tener
que morderme la lengua…
recuerdo que algo ha pasado,
que he echado un cerrojo
a mis voluntades;
hoy hace tanto que solo
me dejo llevar.

Omar Alej.

jueves, 22 de junio de 2017

Agua y Joselito (Stand by me).

De todos mis amigos solo tú sabes lo que quiero decir. Bueno, adiós, Robert, y jódete tú también.
Robert vuelve a aparecer. Leonard Cohen. 


A Marina su papá la llama Agua
y a José sus abuelitos lo apodaron Joselito;
son amigos desde siempre, desde el cielo…
él le da de su orfandad y ella besos a la fuerza
con sabor a medicina.

Joselito, que es muy frágil de salud,
le ha enseñado a comer tierra,
para hacerla resistente a las bacterias;
pero Agua es un río desbordado de energía
y la prepara con manzana, frutos secos y sandia.

Si hay tormenta
y están juntos,
los dos tiemblan
y se toman de las manos;
si están lejos cuando hay sol,
son como un juego de atacar
por separado.

Hoy han ido a ver que había
y se han hecho con un cupón de regalo,
para una juguetería:
nada es simple si se ve con la ilusión
de quien no se rinde, todavía.

Agua quiere llevarse un cohete espacial,
para viajar al infinito y ver el mundo.
Joselito quiere una estufa y la sartén,
para hacerle el desayuno cuando vuelva.

Ambos saben
que crecer no está tan bien
como presumen los adultos
y en el debate de lo que deben cambiar  
por su tesoro
se organizan, para hablar por turnos.

Agua tiene miedo del temor de Joselito y lo anima,
para ir juntos a encontrar al Principito;
después de tres minutos sin hablar
y sin mirar, Joselito le confiesa
<<Es que no quiero que haya otro entre nosotros>>

En la parte superior de un mostrador
hay un tambor y una pianola;
larga, Agua los señala
y Joselito abre los ojos por amor, emocionado.

Encontraron lo que vale su fortuna
y ahora tocan Stand by me
versión del sur en las Colinas.

A la hora de la siesta
sueñan con estar por siempre juntos;
eso a cambio de un cupón
no es poca cosa.

Omar Alej. 

miércoles, 21 de junio de 2017

The Leftovers. ¿Alguien sabe?

Oh bien acomodado
en el pleno empleo
se pierde en el cuarto
y se pierde en el tercero.
El tercer invento. Leonard Cohen. 


No recuerdo de qué forma llegué ahí,
a la vivienda de los muros que se alzan.
Había bolsos de Channel en los percheros
y dos hombres custodiaban
a una chica que no hablaba sin hacer bombas de goma;
pregunté quién era el niño
que pintaba en el rincón del comedor
<< No es su tipo, mi señor>>
fue lo que dijo el camarero y guiñó
con su asqueroso ojo izquierdo…

Lo último que podía recordar
era estar en mi sillón
con mi mujer dándonos besos,
que esa es una de las cosas
que mejor nos calentaba en el invierno.
Sin embargo en este sitio no la encuentro
y la gente me presenta condolencias
en palabras de confeti;
además de promover el nuevo estilo
de la vida de soltero en California.

Unos cuantos van de negro,
seis o siete;
pero el resto fuma mucho,
todo el tiempo:
van vestido con harapos
de la última edición del Peace and Love
y presiento que algo quieren infectar
con sus silencios

¿Alguien sabe?
no recuerdo de qué forma llegué aquí.
He perdido veinte horas de memoria,
el sonido de los grillos es intenso
y me pican en los brazos
los deshechos de aserrín acumulados.
Cada hoja de las sierras está oxidada
y el tablero con palancas es muy viejo.
Huele a sangre; pero es tan intenso
que no puedo encontrar de donde viene.
Si respiro se me mete en la nariz
y después baja por mi boca…

Lo último que logro recordar
es que me estaba acostumbrando
a oír la música de cámara
que ya sé que usa, para hacernos resentir
nuestras pasiones y domarnos,
de un modo atormentado;
con la culpa por sentir
tremendas ganas de romper en mil pedazos
hasta el más mínimo cristal de la vajilla.

El maldito colocón que da el calor
me sugiere que catorce de las voces que me hablan
sean abiertas…
tengo miedo de saber cosas que el resto ni imagina.
Me podría estar pudriendo en mi ataúd
o en una celda;
es delito e inmoral
si uno no sabe cómo diablos
terminó frente a la quema de un confesionario.
Atácame por el delirio,
si te buscas entre líneas estas tú;
pero aun te sirve de consuelo la mentira.

Omar Alej.

martes, 20 de junio de 2017

Ven, echemos un polvo: –como dos niños sucios-

[ya no quieres salir/ es soportable estar solo/ sólo tú y las malas noticias/ y la confesión de la Madre Teresa/ Dios la bendiga por hacernos saber/ que ella tampoco pudo soportarlo]
Separado. Leonard Cohen.


Ven, echemos un polvo:
no tengo nada más qué pedir
ni a dios ni a los hombres.
Lo que siempre fue anhelo
se me ha vuelto a la contra;
se ha incrustado en mi espalda
con la forma de un garfio
y hace que tenga ganas
de ir sacando la luz
y dejar el amor como una casona vieja…

Ven, echemos un polvo.
La luna está presa
y se ha llevado consigo mi voz.
Quería usarla, para cantarle
algo muerto;
pero el satélite usa cuanto le pides,
para adornar la cresta de las mareas
con salsa de corazones.

Ven, echemos un polvo
sobre la superficie
de esta hoja vacía.
Después escribe tu nombre,
con la punta del dedo anular,
sobre una caja de cigarrillos
con cuerpo de caoba
y dibuja una flecha
en dirección de una presa que escapa
durante la media noche;
porque tú y yo fumamos...

Ven, echemos un polvo
y juntos –como dos niños sucios- ser regañados
por haber ensuciado el presente
y que tal suciedad sea barrera que caza
los drones y los proyectiles
del muy intensivo y mecánico redentor.

Ven, echemos un polvo;
a modo de un eufemismo,
para llamar lo contrario al dolor
a las aspas de un ventilador
y al calor de los ruidos afuera
que son logos del arte en las manos
de una señora que tuerce los rayos
mientras suaviza la agonía de unas palmas.

Ven, echemos un polvo
al modo pobre de mi ciudad;
sobre la cara quemante del sol,
manchas de cuerpos
que se hagan nubes que lluevan
gotas de agua de mango.

Ven, echemos un polvo.
Piel de nosotros en un gran telar
que está tejido contra la pena
y las palabras que recortaste antes de ir
será un relevo de las historias
que desencadenan en una tormenta de arena
y mañana duerme sobre todas las cosas
que se apagaron porque brillaban.

Omar Alej.

lunes, 19 de junio de 2017

Ojala que ayer haya sido un gran día del padre. (Mi Viejo)


 ¿dónde está aquel hombre

Que en los días y en las noches del destierro
Erraba por el mundo como un perro
Y decía que Nadie era su nombre?
Odisea, libro vigésimo tercero. Jorge Luis Borges. 


Hola, mi viejo.
Lo primero que quiero contarte
es la sensación de rapidez
con la que pasan los horarios;
saberte en tu casita
-a pocos metros de la playa,
es un consuelo porque sé que no estás lejos,
solamente en otra esquina de este patio.

Perdona si te estoy tartamudeando,
te escribo con palabras flojas
y temas resbalantes
porque he tomado pastillas
de esas que lo hacen sentir a uno
un poco fatigado y melancólico.

Menos mal que en esta ocasión
no las tomo por recrearme
o evadirme o darme valor,
sino porque el medico supone
que me ayudaran
con mis dolores de cabeza
y con mis ataques de pánico y de ansiedad.

No quisiera ponerte sentimental;
pero las cosas ya no me son tan extrañas
como al principio
¿Recuerdas que no podía escuchar un ruido
sin dejar de pensar que eras tú
que venias por mí?
pues eso me sigue pasando;
pero ya me he acostumbrado…

Ya no estoy tan hinchado  
y he comenzado algunas rutinas
de gimnasia, para mantenerme
alejado del ocio que tanto carcome…

Qué bueno poder contarte
que han traído nuevos libros
a la biblioteca y que apenas llegó
he leído sin descanso La Odisea,
tu libro favorito.

Ya sabes que no pude
ayudar con tus nietos.
Yo no tuve hijos
y a mis sobrinos nunca los cuidé;
eso me persigue.
Estoy seguro que hubieras querido
que nos mantuviéramos unidos
y hoy yo también lo hubiera querido.

Sin embargo,
cuando uno permite
que las circunstancias propias de la vida
tomen las dimensiones de un drama oscuro
se vuelve asustadizo y temeroso,
desconfiado.

Lo siento, mi viejo;
no debía de haber dado importancia
a estar dentro o afuera,
cuando no sabía cuál era la diferencia.

Mejor debería contarte
que aquí hay quien dice
que puede enseñarme a meditar de verdad
y que eso me serviría
para ir a donde estás tú.

Además quiero que sepas
que he logrado hacer andar
un viejo radio de baterías:
muy bajito, de las nueve a las diez,
escucho la emisión de la hora de boleros
y me apeno cuando no ponen
El Día Que Me Quieras…

Tengo que dejar de escribirte, Mi Viejo,
hoy ponen salchichas con el desayuno
y si no bajo a tiempo
me toca solo ese batido de huevo
que me hace resaca instantánea.
Ojala que ayer haya sido
un gran día del padre.

Tal vez sin quejarte de más
y mirando ante el mar
como tú siempre has hecho.

Omar Alej.

viernes, 16 de junio de 2017

Carta desde el frente (Soldado del ejercito de los 12 Monos)

También Dylan Thomas salió majestuosamente de aquel pasillo y se clavó en el ojo la espina de una rosa y por tal o cual asumió su legítimo sillón relleno en el abarrotado panteón del heroísmo fofo. Como se puede adivinar, no soy amigo de estos tiempos.


Algo de principios de los setenta. Leonard Cohen.



Querida, Julia.

Yo no sabía si lo que hacía era lo mismo que ya había hecho. Podría creer en esa historia de que todo esto que está pasando ya ha pasado, eternamente; pero quería cambiar de tiempo. No me ilusionaba estar ya destinado ni a lo mejor ni a lo peor.

Viendo el pasar de largo, de ciertas nubes que alguna vez nos compartimos; me era posible cambiar en algo los resultados de una inconsciencia que sería todo cuanto tendría al ir creciendo ¿tú lo recuerdas? No es solo guerra lo que tenemos; fue suerte buena. Sí, eso es verdad. El conocerte, estar ahí cuando tú hermana estaba lista para marcharse; pero no fue que aquellos dioses lo dispusieran. Éramos niños, podíamos ser parte de todos y así lo fuimos. Quizá por eso tú antiguo novio ya no creció; porque nosotros nunca volvimos a hablar de él y tú, que eras lo que los juegos entre los patios de los colegios le habían guardado, fuiste detrás del saboteador de salas de espera.

Podría quedarme durante horas solo mirando por la ventana y no vendrías. Para encontrarte siempre es preciso dejar de estar predestinado, cambiar el curso en los relojes, partir en dos las oraciones de algunas gentes que me quisieron y que pedían porque encontrara mi rumbo aquí; sobre la tierra. Estar contigo -dentro de ti, en comunión con tus arranques de perra brava, nunca fue que algo que me sucede. Implica darle la espalda al horizonte donde algún mundo lleno de nada grabó mi nombre y revelarme contra cualquiera que fuera yo; porque no soy ni libertad ni redención ni rey del drama.

Soy quien te busca a través de todos los drenajes de la irrealidad, sobre los bullicios que hacen los pelos y la sequedad en la garganta si uno renuncia a sus alegatos. Puedo ver que hoy no estás aquí y que pudiera sentir que perderte estaba escrito. Sin embargo aceptar el destino es la muerte y yo no moriré. Al no existir forma, para consolarme; no existe consuelo que yo necesite. Puedo saber cuándo están lejos esos caballos que, te contaba, viven en mí; pero no sé saber cuando regresan.

Tú siempre sabes con qué fascinación he sostenido toda mi existencia de un solo vaso con medio whisky. Para acatar su destino uno debe enfrentarse con dos o tres cosas que he logrado ignorar y sabido temer. Ya puedo pasar la vergüenza de sentirme incomprendido; suponiendo que doy una fuga tan pura que es imposible a cualquier tipo de rapiña poder capturar. Decir que hay quien me conoce es tan poco como poca es el agua que entra en una gotera, suponiendo que llueve a cantaros; pareciendo que el sol también se ha vuelto de agua ¿cómo podría tener algún tipo de destino si soy el que te busca?

Si en algún lugar encontraras que hay alguien que te cuenta haberme visto por ahí antes que a ti, puede ser que no haga falta creerlo ingenuo, un impostor o –incluso, que sea yo. Bastará con eludir sus entusiastas propuestas, para un cambio y dejarle detrás de los rollos de alfombra que habrá acumulado según el paradigma de la cultura que objeta como si fuera un espíritu comerciable.

Fue la lucha, los desastres, la carne marcada, los iris incendiados, el cabello quemado, la oscuridad y los saqueos, las míseras migraciones, los cocteles explosivos, el virus de la vanidad, los extrarradios y las lámparas de níquel.  Fue la usura, el ahorro, la lisonja y el derroche; fueron los pies laboriosos de un pasado comulgando en la misa del domingo. Fuimos tú y fuimos yo ¿qué tú no estás? Eso no importa; vale más que darle mérito al destino.

con Memoria.
Omar Alej.